domingo, 17 de febrero de 2013

El Cruce Columbia 2013 / DÍA 1: La Iniciación


A cuánto desafío se atreve un alma que corre?

Se puede medir?, se puede pesar?, se puede mensurar un desafio acaso?

Qué busca esta gente que corre?.... busca probarse?, demostrarle algo a los demás?, volar hacia otro planos?, reir?, llorar?. Busca a Dios?, se busca a sí misma?...

Pero ellos están ahí; parados ante la incertidumbre. La bella incertidumbre que significa una largada, sin saber cómo llegarán, en cuánto tiempo, de qué manera.... sólo saben, intimamente, que llegarán.

Pensaba todo esto mientras los miraba salir... era un día antes de mi propia largada, en categoria individual. "Ellos" eran los equipos "de a dos"... como si la montaña fuera un gran arca de Noé, con lugar solamente para aquellos que estaban dispuestos a sobrevivir.

Los miraba largar y se me estremecía el cuerpo.

- Alguna vez corriste en la montaña?
- No...
Estuviste cerca de un volcán?
- No...
- Corriste más de cuatro horas seguidas?
- No...

- Te animas a cruzar Los Andes corriendo?...

- Será difícil?
- Muy...
- ...Entonces quiero hacerlo.

Ya no sé si fue un diálogo con mi alma o con alguien, pero sucedió, juro que sucedió.

El tiempo había pasado muy rápido desde aquella charla. Y yo estaba ahí parado en la largada de El Cruce Columbia. Ya no había vuelta atrás para tamaño acto de inconciencia típica de un corredor.
El día anterior habían largado las parejas, y como periodista invitado, tuve la chance de estar en la partida de ellos. Eso fue una ventaja en cierto modo. Estaba viendo un día antes al menos, cómo era el punto de largada, y eso me servía para bajar la ansiedad.



Al pie del volcán Villarrica, la largada



El lugar era maravilloso, al pie del volcán Villarrica. Podías ver cuando largaban, pero a los pocos metros, había una curva y una bajada, y la visibilidad de los corredores se perdía totalmente. Lo que seguía más allá de esos 500 metros, era un misterio, y no quise ir hasta ese punto a ver cómo continuaba el camino. Era suficiente con estar en el inicio, sacar fotos, filmar, charlar con corredores, incluso con amigos y conocidos de Buenos Aires o de otros lados del país o también de Brasil. Hasta llegué a conocer personalmente a corredores con los que manteníamos contacto por internet.

Eso fue el jueves. Pero ahora me tocaba a mí. Era el Viernes 8 de Febrero, 8 de la mañana. Había dormido en Pucón, a unos 40 kilómetros de la largada. Un pueblo lindo, pintoresco, amable.

Me había despertado a las 5:30 para desayunar con tiempo y ponerme todo; encintarme los dedos de los pies, uno por uno con cinta hipoalergénica y arriba vaselina para evitar ampollas y rozaduras. Más vaselina en el resto de los pies, cinta en las tetillas, short, medias, zapatillas con el chip ajustado.
La remera oficial de la carrera, abajo la cinta del pulsómetro sujeta al pecho. El reloj en la muñeca izquierda. Protector solar, visera, anteojos para el sol y la mochila cargada. La cámara con batería llena y memoria casi vacía.

En el hotel, antes de salir hacia la largada

Caminé sin apuro pero con ansiedad dos cuadras, donde una escuela hacía las veces de punto neurálgico de la organización. Desde ahí salían los buses hasta la largada.

Era mi primer carrera de montaña/aventura y nada menos que El Cruce, era como intentar darle el primer beso de tu vida a Marilyn Monroe y pretender hacerlo bien. Había tantos detalles distintos... vale la pena anotar todo lo que tiene que llevar la mochila, por ejemplo, porque una vez en la montaña no hay kioscos ni farmacias.

Mi mochila llevaba, entre otras cosas, el vivisac obligatorio (esa especia de bolsa de dormir, pero sin plumas, muy finita y abrigada, por si te quedas varado en la montalña y te sorprende el frío), campera finita y liviana de abrigo, bolsa-botiquín, conteniendo pervinox desinfectante en aerosol, cinta hipoalergénica, una venda, anti inflamatorios sublinguales, gasas, curitas, vaselina, protector labial, toallitas higiénicas y una pinza de depilar, por si tenía que sacarme alguna espina).

Fuera de la bolsita-botiquín, protector solar, 5 geles, 2 botellas de 500 cc con Gatorade, el camelbak con 2 litros de agua, barritas de cereal, caramelos de goma Mogul, una lata pequeña de papas fritas, un par de medias de repuesto, y por supuesto, la cámarita mágica.

Todo eso, tratando de que los envases sean pequeños, aún así sumaba algo así como 5 kilos en la espalda. Por eso es muy pertinente entrenar con la mochila que vas a usar y cargada con un peso similar, al menos, en los dias de fondo. Ese primer día sentí por momentos el esfuerzo de la carga en mis lumbares, pero después me fui adaptando.

A todo esto, cuento que la invitación para El Cruce me había llegado el último día del mes de Noviembre. Fue un lindo momento leer ese mail. Pero a la vez pensé; "Quedan dos meses, sólo dos meses". Pensaba en cuánto hay que entrenar, de hecho, amigos de mi grupo estaban haciédolo desde junio!, me llebavan cinco meses de ventaja. Pensaba que tenía solamente diciembre y algo de enero, teniendo en cuenta que en todo entrenamiento de semejante volumen, el último mes hay que empezar a disminuirlo, como en una maratón. Es decir, un mes apenas para un ejercicio pleno.

Simplemente decidí correrlo, y por supuesto, filmarlo.
Así que llegué con un entrenamiento específico muy acotado (no repitan esto en sus casas), era cuestión de voluntad, sacrificio y confiar en la base que había hecho para correr la maratón de Buenos Aires en Octubre.
Claro que el entrenamiento para calle no tiene nada que ver con el de montaña, pero bueno, necesitaba aferrarme a algo.
Para ponerle más picante al panorama, luego de un diciembre con entrenamientos durísimos, prusianos, entre cerros, arena, calle, mar, a mediados de enero se me declara una periostitis tibial en la pierna izquierda. No podía llegar peor a la fecha.

Había entrenado muy fuerte de golpe, claro que no se debe hacer así, pero cómo explicarle eso al testarudo caracter de un corredor de fondo. En qué idioma decirselo a mi corazón? Cómo negarle a mis piernas esas brutales series de cuestas, llanos, fondos y pasadas?... Pero la inflamación estaba.

Así llegué; entrenado "no lo suficiente", con periostitis, y con la inconciencia de la inexperiencia absoluta en carreras de montaña y de aventura. Lo más largo que había corrido en cuestión de tiempo, habían sido cuatro horas en la Maratón de New York, sí; en calle. No le llamo coraje, le llamo locura.

En enero también probé trepar morros en Brasil, y para reducir el impacto, correr en el mar, con el agua por encima de las rodillas. No faltaron los médanos de una arena finísima o las escaleras en edificios muy altos de Buenos Aires (parecía un loco subiendo y bajando otra vez con una mochila cargada). Hice todo lo que pude, y ahí estaba yo ese viernes 8 de febrero, después de haber caminado una pendiente durísima de 2 kilómetros para llegar desde la base donde nos dejó el bus hasta la largada. Y eso que faltaban 100 kilómetros más.

Superar ese momento de ansiedad, de tensión, de emoción... todo junto. Nuestros cuerpos eran un puñado de sensaciones y eso se respiraba en el aire, puro y lleno de adrenalina.


Trepamos 2 kilómetros desde donde nos dejó el bus hasta la largada



Qué es El Cruce?

A todo esto, alguien se puede estar preguntando; "Pero... qué es El Cruce?"
Basicamente explicado, es una carrera de montaña, en los que se recorren alrededor de 100 kilómetros, divididos en tres etapas, en tres dias consecutivos.

Se corre en duplas del mismo sexo o mixtas, o desde este año en su decimosegunda edición, se puede correr de manera individual. Yo lo hice en esta última categoría.

Es la carrera de aventura y de montaña más grande de Sudamérica. Y yo estaba ahí... en la largada.


DIA 1:  La iniciación



El mapa de altimetría del Día 1


Es como un rito de iniciación. Son tus pulmones que se llenan de oxígeno, tus pupilas se dilatan, tu adrenalina aumenta, tus ojos atentos como los de un Leopardo lanzado en velocidad.
Estás por comenzar a correr, la montaña te espera y no está dispuesta a cobrarte un bajo precio.

Bienvenidos al rito.

En la largada, la foto oficial. No es como una carrera de calle en la que todos salimos en una estampida de corredores. Acá ibamos llegando de a tandas, y saliendo mas o menos en el momento que elegíamos, de todas maneras las ubicaciones iban a darse por los tiempos que registraran los chips que teníamos enganchados en las zapatillas.

Además no es posible correr todos juntos, los casi 800 participantes de la categoría individual, por senderos tan angostos como los que ibamos a encontrarnos más adelante.


Listo para largar. Alegría e incertidumbre

Y largué. Y por fin pude ver ese descenso, esa curva, crucé la frontera de mi visión del día anterior... y todo fue gigante. Correr muchos kilómetros a la vera del volcán Villarrica, esquivando las primeras piedras, los primeros pozos.

El día anterior, mi amigo Marcelo me había contado que a los dos primeros kilómetros los había hecho en 20 minutos. Me parecio una eternidad, me pareció exagerado. Marcelo corre tranquilamente en calle a 5 minutos el kilómetro. Pero cuando estuve ahí, comprendí. Había partes muy riesgosas para correr, muy empinadas otras. Había que tener la habilidad imposible de una cabra para saltar de piedra en piedra sin perder al estabilidad.

Senderos muy angostos, para una sola persona, a veces con arena suelta y en bajada muy pronunciada. Otras veces el camino era trepando por rocas, y arena gris con notorio sedimento de lo que en algún momento habrá sido una nube de ceniza volcánica.

En nuestro primer día había sol pleno y calor. Eran las 8.30 y el pronóstico anunciaba alta temperatura, por lo que había que cuidarse con la hidratación. El primer día de las duplas, hubo varios deshidratados y nos advertían; 4 litros de líquido no es suficiente.
Durante el trayecto habrían algunos puestos con agua, como en el kilómetro 9, que está en tiempo, mucho más lejos de lo que uno puede estipular para una carrera de calle.

Los primeros kilómetros fueron sin vegetación. Suelo árido. Ibamos todos tranquilos, conservando el cuerpo, sabiendo que era muy largo el camino en los tres dias. Por eso en los mejores paisajes fuimos muchos los que nos deteníamos a sacar fotos.

Recién como en el kilómetro 4 o 5 nos metimos a un bosque, también de senderos muy angostos. Muchos árboles, muchas hojas. Por lo menos teníamos sombra, pero fué ahí que apareció un ejercito de pequeños peligros; las raices que sobresalían de la tierra y se cruzaban por todo el ancho del sendero.

Debíamos ir mirando sobre nuestros pasos, a diferencia que en la calle que no hay obstáculos. Una distracción podía ser grave; un tropezón y salir despedido con el envión que llevaba el cuerpo, para caer seguramente sobre un montón de ramas y troncos. No era buena idea, no.

En el Kilómetro 6 aproximadamente, sucede lo previsible para un inexperto como yo; pude evitar las raíces... hasta que no pude.
El movimiento hizo que pisara mal torciendome el pie derecho hacia adentro. Fue una reacción rápida, inmediatamente los reflejos hicieron que enderezara el pie, que volviera a su postura, pero sentí el dolor. Iba filmando y mientras hablaba sucedió... interrumpí mi relato a la cámara con un; "Aaah!".
Me preocupé un poco. Llevábamos 6 kilómetros y temía haberme esguinzado y no darme cuenta por tener el cuerpo caliente. A medida que corrían los kilómetros fuí muy atento a las señales, y a las raices en el piso, claro.

No parecía haberme esguinzado, pero la articulación quedó laxa, endeble, y en el camino unos kilómetros más adelante me torcí dos veces más, con las insospechadas repercusiones que esto treería más adelante.


Una de las trepadas donde correr, era una utopía


Así pasaron los kilómetros. En el 9 la hidratación, más bosques, alguna planicie sin nada de árboles, el Villarrica como mudo testigo, como amo y señor mirándonos desde sus alturas. Cruzar un zanjón totalmente seco, que da la sensación de ser un ancho rio muerto. Las subidas empiezan a ser cada vez más elevadas ahora habiendo salido del bosque. Empiezo a sentir cómo una de las uñas de mi pie derecho me da señales de que quiere despedirse cuando termine toda esta aventura. Por fortuna está bien encintada, pero así y todo, corriendo entre bajadas y subidas ya 3 horas, los primeros síntomas se hacen notar.

En el kilómetro 21, un arroyo. El agua es gris, turbia, llena de ceniza de volcán, pero sirve para refrescar los pies para quien quisiera, o sentarse a descansar un rato. Aprovecho a sacarme las zapatillas y descartar toda la arena y pequeñas piedras que en los últimos metros se me habían metido. Mis medias blancas, técnicas, lindas, ya estaban todas manchadas por tierra, barro, y cuántas desgracias más.

Llegamos a los kilómetros finales. Ese día mi Garmin marcaría un total de 30,5 K. Y si en cualquier carrera una bajada es una bendición, esta fué la excepción al menos para mí. Mis cuadricepps cargadísimos debieron afrontar los últimos 4 kilómetros en un descenso sin descanso alguno. Si bien la altimetría marca que estábamos bajando desde el kilómetro 18, los últimos fueron más notorios al menos para mí, con una pendiente marcadísima. Cada paso era un mazaso en las piernas, una bajada que inevitablemente te hacía acelerar aunque no quisieras.

Sólo quería ver el arco... y allá apareció, cruzando un angosto camino para vehículos, que fué lo más más urbanizado que había visto en las últimas 4 horas y media.
Había llegado, estaba feliz. En esa primera batalla le había ganado a la periostitis, a las 3 torceduras, a un raspón que me hice en la rodilla, a la inexperiencia, al calor...

La llegada del primer día. Faltaban sólo 70 kilómetros más.
Necesité de varios minutos para reponerme, rehidratarme y elongar. Me tomé todo el tiempo necesario para esto último. No podía irme hasta el campamento sin hacerlo.

Tras media hora de haber cruzado la meta, subí a uno de los buses que nos llevaban hasta el campamento Nº1, donde nos esperaba la comida, un lago paradisíaco, donde nos metimos casi todos para desinflamar las piernas, recargar baterias de cronómetros y cámaras, darnos un baño en el mismo lago, saludar a amigos, conocer gente nueva, sacar algunas fotos y dormir. Necesitábamos dormir.

Por lo menos 50 tardaron más de 7 horas 20 minutos, que era el límite, y se les recomendó NO correr al día siguiente, para retomar recién el tercero. La montaña es selectiva y no podés mentirle. Si no estás preparado, vas a enterarte pronto.


El campamento 1

Al otro día se presentaría la más dura de las jornadas. 40 kilómetros de montaña.

Ninguno de nosotros llegó a dimensionar realmente lo duro que sería, y todo lo que iba a suceder en la montaña con nuestros cuerpos la mañana siguiente.

La carrera había comenzado. El cansancio y el desgaste eran una bomba de tiempo en nuestros cuerpos y en nuestras mentes, y cada uno debía saber cómo manejarla para que no estallara antes de lo debido. Pero no siempre se puede...

PARA LEER EL CAPÍTULO... DIA 2: "LOS MONSTRUOS DE LA MONTAÑA"
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GRACIAS POR VENIR

Twitter: @luchorunner


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13 comentarios:

  1. Buenísimo el primer relato, ya tengo ganas de los siguientes!!!

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  2. ESpectacular Lucho!!! QUIERO MAS!!!! =O)

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  3. lucho, la noaf se banca mucho litraje para bolsa hidratacion, caramañolas y toda la mar en coche?

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  4. Ay y lo demás!!?? jejejejejejej está como novela!.. gracias por compartir, gracias por tus videos motivacionales.. Yo quiero hacer con mi novio esta carrera, estamos en eso! porque también recién debuté en trail :D

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    1. Gracias!.... hacelo!.. o te casás o te divorciás.... así de fácil!

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  5. Hola Lucho,

    Llego a tu blog por casualidad pero me gusta lo que leo. Creo que hay alguna extraña fuerza que nos vincula a todos los "locos" que corremos por montaña y que nos permite disfrutar incluso en las situaciones más adversas. Para los que estamos todavía empezando en este mundo, es un placer leer entradas como esta, así que con tu permiso me quedo por aquí y sigo tus evoluciones para tratar de seguir aprendiendo.

    Un saludo,

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    1. Te agradezco mucho tus palabras... recién empiezop con esto de la montaña... tengo mucho, pero mucho camino por recorrer!

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  6. Hola, te hago un par de consultas. Qué zapatillas usaste para el cruce? Zapatillas de calle o de trail? Qué mochila utilizaste? de cuantos litros de agua y cuantos litros de almacenamiento?.
    Te consulto porque voy a hacer El Cruce 2014 y quiero empezar a equiparme.
    Saludos, muy bueno el sitio.

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