sábado, 23 de febrero de 2013

El Cruce Columbia 2013 / DÍA 2: "Los monstruos de la montaña"



Si no leiste la Parte 1 ("La iniciación"), hacé click ACÁ



"Shoot to thrill, play to kill
too many women, with too many pills
i said, shoot to thrill, play to kill
i got my gun at the ready, gonna fire at will..."


No sé que habrá pensado mi compañero de carpa, Esteban, un cordobés de unos cuarenta y pico de años, un corredor con buena experiencia ya en carreras de aventura. 

Lo que sé es que la noche anterior, antes de dormir, me preguntó si tenía algún tipo de despertador. Estaba preocupado con la posibilidad de quedarse dormido, así que le dije; "pongo el celular, quedate tranquilo... la alarma se reactiva cada diez minutos después de la primera vez..."

Y despertamos con "Shoot to thrill" de AC DC, lejos de cualquier cuartetazo cordobés (le gustará el cuarteto?)... Ese fué nuestro contrastante despertador, en el medio de la cordillera, al pie del Lago Pellaifa, maravillosamente lindo, rodeado de montañas y bosques. No había todavía a las 5:30 de la mañana algún pájaro que sonara lo suficientemente fuerte como Brian Johnson agitando semejante himno del rock.

Buen despertar. La carpa pequeña, para dos personas, estaba cubierta de rocío, como cada una de las otras casi ochocientas. Era una pequeña ciudad ambulante. Estaba oscuro y todos en el campamento, cada uno con su sonido, habían despertado, y decenas de linternas de cabeza iluminaban como luciérnagas los caminos entre las carpas.

Desayuno potente. Había de todo; desde leche, té, café, mate cocido y todas las combinaciones posibles, hasta pan, galletas, frutas, dulces y cereales. Todos sabíamos que sería largo y difícil, que nuestros cuerpos afrontarían 40 kilómetros, y que las horas serían largas. Todo lo demás era incierto para muchos de nosotros, como para mí, que de acuerdo a las 4 horas 35 minutos del día anterior, estimaba que demoraría unas 7 horas para concluir la etapa del día. Había buen ánimo, sólo que tenía una molestia en el hueco poplíteo de la pierna derecha, ese que está justo atrás de la rodilla. Esa sensación me había quedado del día anterior, después de torcerme el pie.

Para mi sorpresa, la periostitis no había molestado tanto. Eso sí; sentía el esfuerzo muscular después de los 30 kilómetros de esa primera etapa, con todas las bajadas y subidas abruptas, con ese camino serpenteante, esquivando raices, o corriendo sobre tierra suelta, cruzando arroyos o trepando piedras gigantes.  Todos sabíamos que sería el día más difícil, y que 40 kilómetros en montaña, a horas de haber corrido 30, equivalía a mucho más esfuerzo que 40 en calle, por lejos.

Si bien la velocidad es otra y se camina bastante, los primeros 12 kilómetros estaban marcados en el mapa como una subida sin descanso. Nunca se me hubiera ocurrido que iba  a ser como resultó ser; un esfuerzo descomunal, que dejaría otra bomba de tiempo en nuestros cuerpos, y que podía explotar en los siguientes 28, después de esas subidas monstruosas.

Largamos. El camino nos dió la "malvenida" con una subida que nos adoctrinaba; simplemente, había que caminar desde el kilómetro cero, o volver a casa.

Malvenidos al Día 2: 12 Kilómetros en subida, para empezar
 
Cada tanto encontrábamos algunos metros planos o en bajada. Me uní a un pelotón, en el que éramos casi 10, e íbamos rotando de posiciones... cada tanto nos pasaba algún corredor, siempre pidiendo el paso, porque eran senderos angostos y con mucha vegetación. No había encontrado un buen lugar en la mochila para poner los bastones, así que para estar cómodo, y sabiendo que en las manos muchas veces iba a querer llevar la cámara para grabar, decidí dejarlos en el campamento. Muchos de nosotros usábamos como bastón, ramas gruesas y secas que encontrábamos al costado del camino. Por suerte había y muchas.

Sospecho que las duplas, que  habían hecho el mismo camino la mañana anterior, dejaron los que usaron ellos, entonces había "stock".

Ya casi todos sabíamos de la altimetría de este segundo día. Teníamos claro que por lo menos 12 o 13 kilómetros serían en subida, pero no dimensionaba, al menos yo, lo interminable que sería esa parte del recorrido. Si creíamos que los primeros 5 habían sido duros, y que los fueron, los restantes fueron interminables.

Directamente no se podía correr. Nuestros bastones fueron nuestros fieles aliados. Traté de seguir a mi pelotón, todos llevábamos un ritmo intenso al caminar cuando debíamos caminar, y en las partes planas o semiplanas, un trote también a buen ritmo. De repente nos encontramos con una ladera que tenía una inclinación que metía miedo... tendría en suma, un kilómetro con algunas curvas... ya no estaban los bosques de los primeros kilómetros... ahora el panorama era árido, arenoso, color marrón.

Sólo queríamos terminar de subirla, aún había fuerzas y ánimos para algunos chistes, alguna charla. Eramos una fila india, en algunas partes un pelotón, más atrás, la separacion entre los "corredores-trepadores" era más notoria entre sí. A medida que ganábamos altura en la trepada, veíamos esa fila de "hormigas" que venían allá lejos... eran los demás corredores que venían atrás nuestro. Atrás y abajo.

Cuando llegamos a la cima, fué un gran alivio... casi todos nos detuvimos  a descansar un par de minutos, tras el esfuerzo. Sacamos alguna foto, porque "desde ahí arriba" teníamos una vista genial.
Pero cuando nos dimos cuenta de lo que seguía, la cara de desánimo fue evidente en algunos... tras unos metros de llano, descubrimos que debíamos seguir trepando. "Más, todavía?"
Fue un golpe que no esperábamos, era como una subida de nunca acabar. Pero bien, estábamos advertidos. Ibamos como por el kilómetro 7. Me dí cuenta de que si aún quedaban 5 más para subir, esto se iba a empezar a complicar. 

Me predispuse y empecé a visualizar lo que preveía; la subida duraría mucho más tiempo. No distancia, porque la relación de tiempo-distancia que uno tiene mecanizada de la calle, acá se hace trizas, entonces hay que hablar de tiempos. Lo que no estaba en mis cálculos, era la inclinación tan pronunciada. Los cuadriceps y los gemelos se estaban minando por completo, en silencio, de manera invisible.... estábamos rodeados, y lo sabíamos. O no.

En la cima. Allá atrás y a lo lejos, el camino que fuimos recorriendo
  
Los monstruos de la montaña

Así pasamos los primeros 13 kilómetros, de 40... la permanente subida se hacía sentir. Cuando llegué al campamento la tarde anterior fue evidente otro de mis errores de principiante. Leve, pero "error estratégico" al fín. Todos, a medida que se acercaba la noche, inflaban su colchón. Claro... yo sólo llevé una buena bolsa de dormir, muy buena diría yo, pero sólo bolsa.

De todos modos esa primer noche había caido "desplomado" y dormí de lo más bien.

Así que volviendo al segundo día... Después de los "fabulosos 13" primeros kilómetros, empezamos a recorrer lo que sería algo más regular en cuanto a altimetría. Pasar al costado de la "Laguna Azul" fue increible. Un momento para retratar una y otra vez en nuestras cámaras. Allí estaba ella; majestuosa, solitaria, enorme. Y azul, claro.


Laguna Azul. Cerca del cielo, cerca de Dios.

Después una bajada pronunciada y un campo de lava. No sé exactamente cuánto tenía de extensión, pero para mis pobres piernas castigadas ya era mucho. Estimo que 2 o 3 kilómetros caminando por sobre enormes rocas. Todavía podía correr algo, pero notaba cómo llegando a la mitad del camino de ese día, mis fuerzas disminuían.

Cruzamos luego por una planicie extensa y otra subida por más suelo árido. Era notorio cómo habíamos ganado altura. Empezó a nublarse cada vez más, lejos estaba el sol del día anterior.
Comí mi "premio" después de haber ingerido ya un par de geles, caramelos de goma y demás... papas fritas,  un manjar que cabía en una pequeña lata.

Pero poco después, empezó la debacle. Los monstruos de la montaña; el cansancio, el agotamiento mental, empecé a sentirme cada vez más cansado y lentamente fuí perdiendo la voluntad y la fuerza para correr, incluso en terrenos planos. Llevábamos algo así como 4 horas.

Una subida más, y la niebla se apoderó de todo el panorama. La visibilidad sería de apenas 30 metros. Parecía el inico de una película de terror, y tal vez sí lo era, o empeza a serlo.


La  niebla en la montaña


Y empezó otro capítulo. La herencia de la primera etapa. Aquellas tres torceduras del día anterior, hicieron que por caprichos del cuerpo humano, se me empezara a inflamar la zona del hueco poplíteo (justo detrás de la rodilla derecha). La pierna empezó a perder articulación. La sentía cada vez más como si la hubiesen entablillado. Y ya no pude correr.

El pelotón en el que estaba, hacía varios kilómetros había empezado a despegarse de mí, y hasta empezaron a pasarme varios otros corredores. Me sentí primero algo desmoralizado por no poder articular la pierna y avanzar más rápido, y cada vez más contrariado.

Era un poco de dolor, un poco de molestia por no poder flexionar la pierna del todo. Cómo sería de molesta la sensación, que la periostitis de la otra pierna había pasado a un quinto plano.

Pensaba que faltaba casi la mitad del recorrido y que no podía ser que lo tuviera que hacer caminando... cuánto tardaría? Si tenía estipulada esa segunda etapa en 7 horas, manteniendo un ritmo suave pero siempre que se pudiera, correr... cuánto tiempo llevaría caminarla?

No quería resignarme, pero la estaba pasando mal. A menudo, sólo. Pero quería seguir, como todo corredor testarudo. Cada vez estábamos más separados entre nosotros. A lo lejos, hacia atrás y hacia adelante, veía a los demás. Y los de atrás, cada vez más cerca mío cada vez que miraba.
En el kilómetro 23 empezó a llover. Podía ser peor?. Quería que todo terminara y ya. Empezaba a perder noción de tiempo. A medida que pasaban los minutos y ese par de horas siguientes, fui mentalizándome para caminar hasta el final. Empezaba a estar cada vez más rengo, apoyandome en mi bastón. Maldije a la torcedura del día anterior, pero era parte del trato con la montaña, y yo lo sabía.

Tenía una capa con capucha para lluvia en mi mochila, que previsoramente había guardado. Era una mueca de caperucita, languideciendo bajo el agua.
Recordaba cómo en cada una de las maratones de calle que había corrido, empezaba a ver a los "cadáveres" o los "zombies", como les digo, después del kilómetro 30. Esos que no daban más, esos que caminaban desolados. Ahora el zombie era yo. Era un caminante superado incluso por otros caminantes.


Campo de lava. Inhóspito, desmoralizante, interminable. Pero bello.


Otros corredores pasaban y gentilmente me preguntaban si estaba bien o si necesitaba algo. Creo que no superé a nadie en esos kilómetros, si no todo lo contrario. Cada tanto me encontraba con los puestos de control. Me animaba charlar un par de minutos con los chicos que estaban repartidos en esos kilómetros.

Me puse en la boca un analgésico sublingual que suelo reservar para ocasiones muy especiales, cuando hay dolor y falta mucho, como esta vez. A la larga sería el detonante de la bomba.

Me empezaba a preocupar si acaso no iba a tardar mucho y si eso afectaría mi hidratación o si acaso me iba a dar hambre. Tenía además de todo, unas galletas que había cargado "por las dudas", que bueno...

Pasamos la etapa árida y empezamos a descender de a poco. Nos adentramos en un bosque, por lo menos que los árboles me cubrieran de la llovizna persistente. Empezar a bajar tampoco era una buena noticia, no cuando una pierna casi no articula. Lo peor que podía pasar era el desnivel y esos malditos troncos que se cruzaban en el camino. Hubiese sido un juego divertido saltarlos de estar en plenitud física, o en todo caso agacharme y pasarlos por abajo, pero no era el caso. Incluso esos pequeños pantanos con lodo negro que terminaban siendo, en esas condiciones, un verdadero desafío.

Bajadas y bajadas. Cada tanto una subida. Silencio, inmensidad, soledad... empecé a pensar en el lindo paisaje, a pesar del día gris. Ya me había resignado... faltaban 10 kilómetros y sabía que tendría que hacerlos caminando. Avanzaba a razón de 4 kilómetros por hora. Más lento que lento, un juego matemático perverso.

El bosque después del kilómetro 30


Punto final


El maldito kilómetro 35 pareció eterno. Cada vez que miraba el reloj, ese número estaba ahí. En el 37, empecé a sentir un malestar estomacal, como para sumar más obstáculos a las piernas agotadas, doloridas, rígidas... el cielo empezaba a despejarse de a poco. Me detuve en el camino y sencillamente empecé a vomitar. El sublingual había hecho estragos con mi castigado estómago.

Era todo líquido. No fué mucho y no me es grato contarlo, pero pinta la situación. Alguien viene atrás mio a lo lejos y trato de reponerme. Era una chica que venía sola, como yo. Me pregunta si estoy bien y si necesitaba asistencia. Le dije que no, que gracias... realmente me sentía un poco "liberado" después del trámite. Y volví a quedar solo, por lo menos ya faltaba poco.

Y así... fué una verdadera procesión en la que pensaba que si apenas podía caminar, ¿cómo haría al otro día para recorrer 28 kilómetros más?. Mi moral amenazaba con caerse desde un acantilado, y empezaba a hacerme a la idea de una decisión que podía doler incluso más que la pierna.


Ahora el objetivo era no perder la "dignidad". Ya llevaba más de 9 horas y simplemente, como testarudo, me propuse llegar antes de que el reloj marcara los dos dígitos en horas.

"En menos de diez horas... en menos de diez horas"... era mi humilde objetivo, como si necesitara un incentivo para llegar. Y lo necesitaba.

A lo lejos veo venir a tres personas hacia mi lado. Reconozco a una de ellas; es el médico de la carrera. Eso quiere decir que estamos muy cerca de la meta...

- Doc, cuánto falta?- le pregunto con pocas fuerzas cuando ya lo tengo cerca....
- 100 metros... me dice

Simplemente y como pude aceleré el paso, si es que a eso se le podía decir "acelerar". O me mintió piadosamente, o esos 100 metros fueron los más largos de mi vida, y fueron como 900 (según mi Garmin...) pero después de tanto sufrir, allá estaba el arco.

Cada llegada me llena de euforia. Esta sólo me generó alivio.


Terminar
 
El derrumbe

Apenas me subí al bus que nos llevaría de la llegada al campamento, a unos 10 minutos de distancia, me desplomé en el asiento casi al lado del conductor. Tenía un espejo frente a mí. Ví a mi propio fantasma; cara de cansancio infinito, mirada perdida, sin ganas de hablar. Apenas podía tomar agua y no sabía cómo me iba a levantar de ese asiento.

Llegar al campamento 2 era un panorama nuevo. Debía buscar mi carpa, cambiarme de ropa, comer... necesitaba hacer todo ya, pero primero, deseaba poder caminar con normalidad. A duras penas encontré mi lugar, me cambié de ropa. Las zapatillas, originalmente amarillas, estaban totalmente negras, llenas de lodo, que me había tapado más allá de los tobillos.

Eran más de las 6 de la tarde. Hacía mucho frio, estaba nublado y había humedad, como si estuviera por llover otra vez. Dónde estaba el día de verano de la primera jornada?. Necesitaba elongar, pero me dolía mucho todo. "Caminé" hasta el río helado que pasaba por detrás del campamento, donde casi todos los corredores fuimos a meternos hasta la cintura, para desinflamarnos con la baja temperatura del agua. Alivio.



Alivio

Pensaba mientras, que quería hacerme masajes, comer, cargar el Garmin y la bateria de la cámara... cuando salí del rio, caminando, otro repentino episodio de vómito como en el kilómetro 37... y otra vez más.

Fuí al médico. Me halló deshidratado y decidió ponerme suero. Suero??.... Yo no podía creer haber llegado a tal estado, porque nunca me había pasado algo así. Fueron unos cuantos minutos, con mucho frío en la carpa médica, sobre una camilla. Los repetidos vómitos me habían generado deshidratación y falta de apetito. El sublingual, combiando con horas de esfuerzo, isotónica, geles, caramelos, parecía haber sido el causante de ese malestar estomacal severo.

El médico me dijo que no comiera nada, porque terminaría devolviendolo de inmediato. Y líquido, sólo de a sorbos, un poco de agua para ver la tolerancia, porque en el suero me habían inyectado un antiespasmódico o algo por el estilo.
Qué??! No comer?, no tomar líquido?.... acababa de hacer 40 kilómetros en la montaña, y quedaba aún el tercer día!... cómo me repongo si no me alimento?, vomitando, piernas con inflamación, musculatura molida, periostitis, cansancio, malestar estomacal, entrenado a medias...

Al levantarme de la camilla del suero, vuelvo a vomitar. Ya era la cuarta vez.Y quedaba el tercer día.

Quedaba el tercer día?

Como pude, casi sin hambre, fuí a dejar el Garmin a cargar en la pequeña carpa destinada para eso. Estaba débil. Después fuí hasta la carpa de los masajes, a 200 metros, que parecían mil o dos mil. Caminaba lento, casi arrastrando los pies y ya era de noche, como las 10.

Necesitaba masajes, pero no pensando en el día siguiente, si no en calmar la fatiga muscular y el dolor.
El masaje era pago, pero valía la pena.
Estaba muriendome de sueño. La masajista me hablaba, yo le respondía con monosílabos y me entredormía.
Me despertaba de repente exaltado con el dolor cuando me pasaba la mano por los cuadriceps o gemelos... dolor de masaje.
Me dormía y no era relajación, era cansancio.

Me dijo; "Tenés muy inflamado acá, acá, acá y acá..."

Me punzó la planta de los pies, reflexología, y me tiró el diagnóstico.

- Tus riñones están funcionando mal...

Ok, genial... algo más para poner en el epitafio?

La sesión se centró en las piernas. Hacía frio, estábamos bajo un gazebo. Me quedé dormido no sé cuándo.

Me despertó la llovizna cayendo en mi cara. Acostado en la camilla de los masajes, en posición fetal. Quise moverme y me dolió todo de la cintura para abajo. Me habían cubierto con una manta, debo haber dado lástima. 
Miro a mi alrededor y la masajista ya no estaba, se me acerca otra de ellas y me pregunta si estoy bien... le digo que sí, aunque sabemos ambos que le estoy mintiendo.

Me levanto de la camilla. Vomito por quinta vez... Estaba acabado.

Quedaba el tercer dia?


El campamento 2. Gris a mi llegada, como las horas que vendrían

Se acabó

Pensé si valía la pena exponer mi cuerpo a más dolor, a más cansancio, a más lesiones...
Me puse muy triste. Era una sombra. Mi ánimo estaba derrumbado como mi cuerpo.
Pensaba en la meta, en la llegada, en los 100 kilómetros, en la medalla...

Pero no tenía sentido seguir. No de ese modo.

Ni siquiera había comido, estaba cansado, débil, roto por dentro y por fuera. En cuerpo, alma y espíritu.

Llegué a la carpa como pude. Ya eran más de las 12 de la noche. Mi compañero estaba durmiendo y casi todo el campamento también. Decidí no poner el despertador. Para qué?

Decidí que a la mañana siguiente me iría en el bus hasta Junín de Los Andes. Había sido épico, hasta donde pude. Me abrigué y no recuerdo el momento en que cerré los ojos.

Tomé la decisión. Se había acabado El Cruce para mí. Quería llorar.



CONTINÚA EN PARTE 3: "LA DETERMINACIÓN"
Para leerlo, HACÉ CLICK ACÁ.



GRACIAS POR VENIR

Twitter: @Luchorunner


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18 comentarios:

  1. Lucho.. increíble la reseña que hace de lo que fue para ti la competencia, realmente habla de un gran coraje y un espíritu de sobre vivencia... felicidades por lo que conseguiste e esos 100 km

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  2. Lucho, sos un titán, muchos pensamos mas de una vez en no seguir y eso que no la pasamos tan mal como vos. Excelente relato, terminé de leerlo con lagrimas en los ojos reviviendo cada instante de esta maravillosa y exigente aventura.

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    1. Un abrazo, César... dentro de poco concluyo con el capítulo 3.

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  3. Muchas veces me comparé con aquellos que vuelan en las bajadas con grandes saltos, aquellos que al llegar al camp1 dormian a la sombra de la montaña, ya limpios, cambiados y alimentados, mientras nosotros buscabamos nuestra carpa aún embarrados. Recién ahora leo la mirada de aquellos q llegaron de noche, de los que estaban en la carpa médica, de los que no corrieron el segundo o tercer día. Recién caigo en la cuenta de q el cruce comenzó para mi 6 meses antes con el entrenamiento. Me alegra saber que está semana comenzó un nuevo cruce para mi, el 2014, y me encantaría verte allá cambiando esta historia. Gracias por compartir este ejemplo de lucha y perseverancia. Un gran abrazo.

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    1. Un abrazo, estimado... no te quepa la menor duda de que en 2014 voy a volver. Y será otra buena historia para contar.

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  4. Enhorabuena Lucho,

    En primer lugar por escribir una crónica detallada y realista que consigue que el que la lea pueda sentir la prueba como si estuviera participando.

    En segundo lugar por luchar hasta donde humanamente pudiste, por enfrentarte a la adversidad y por tener la lucidez suficiente para conocer tus propios límites y saber retirarte a tiempo.

    Habrá muchas más ediciones de esta prueba, pero solo tienes un cuerpo y la salud es lo primero.

    Recuperate pronto campeón y en seguida te veremos de nuevo compitiendo.

    Un saludo

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  5. Solo quiero leer el capitulo 3. Has sido una gran motivación para animarme a pensar en esta hazaña, pero también un golpe de realidad.
    Gracias por esta crónica tan detallada, sin duda para muchos sera una excelente ayuda.
    Felicitaciones por ese descomunal esfuerzo!!!!!

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  6. Se puede!!. Simplemente, entrenar bien, correr con cuidado... pero el resto es todo disfrute. Todo el éxito, es un paraiso!!

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  7. Muy grande Campeon!! una experiencia sin duda inolvidable y fascinante.
    Ahora, una cosa si te digo, la foto en la que estas en el agua sujetando lo sujetado indica que el agua estaba fresquita, no??
    Saludos desde Escocia!

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  8. Jajajja!... MUY fresquita... es un momento trascendental cruzar esa linea con el agua fría....

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  9. Lucho!!!.. de verdad que parece que uno está ahi.. Gracias por tu relato tan lleno de ti! de esa fuerza, de la determinación, del sufrimiento, de las dudas, de la incertidumbre.. No se si alguna vez me he sentido tan cansada y lastimada.. cansada sí.. más de una vez he llorado en la montaña, y creído que ya no puedo más, y que no quiero caminar más.. pero hay veces que ni siquiera el quedarse es opción!.. pero también como bien dicen, nada es más fuerte que el espíritu humano... Espero con ansias el siguiente "capítulo", sí, como si fuera novela! y como si estuviera pasando en tiempo real, siento que te mando buenas vibras para unas horas de un super reconfortante sueño! un abrazo lucho!!!

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    1. Gracias Karla, por tus buenos deseos y buena onbda... ya están terminados los cuatro videos, hoy sábado 9 de marzo estrenamos el final, con relato incluido. Besos!

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  10. Lucho, tremendo relato. Gracias por el ejemplo una vez más.

    No te enojes pero estoy disfrutando mas con esta serie de relatos que con la del maratón de NY.

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    1. :D Hola Fico!... claro que no me enojo, al contrario... te agradezco que te tomes el tiempo de leer todas estas barbaridades que escribo, ajajja... Ya se viene el final!

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  11. hola lucho, gracias por tu relato! como todo corredor tenemos un alto grado de locura, despues de leer tu relato me ayudo a terminar de decir empezar el entrenamiento para poder realizar el cruce 2015
    Alfredo de Rosario Argentina

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  12. Tu relato es digno de aplaudir! yo me estoy preparando para hacer el cruce 2015!!!!!!!!!!!! con tu relato me ayuda a tener muchísimas cosas en cuenta para poder tener el mejor cruce posible :)

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