jueves, 25 de agosto de 2011

Las lesiones te hacen más sabio (o más terco)



Mi primer "lesión" de corredor fué una Bursitis... la inflamación de las bursas; esas "bolsitas" que contienen el liquido sinovial y que se ubican por ejemplo, debajo y un poco hacia el lateral externo de la rodilla.

Fue en Mayo del año pasado. Y como todo lo nuevo, asusta un poco, llena de interrogantes, y por sobre todas las cosas a un corredor novato lo ponen muy ansioso, impaciente, es desesperante no poder salir a correr...un castigo!!. Eso sentí aquella vez.
Recuerdo que hacía 3 kilómetros suaves y el pinchazo aparecía, y mi decepción era terrible. Estaba triste.

"Cómo que tengo que dejar de correr hasta que se pase?". Debe ser la reacción más común.
Y después la negación. "Me parece que ya no me molesta tanto", "puedo correr igual", "Si corro despacio no pasa nada", "Ya se me va a pasar"... y así.

Correr es adictivo, y es dificil parar a un corredor; decirle que tiene que dejar de hacer lo que más le gusta. Es como privar a un chico de comer golosinas o que deje de ver a sus amiguitos y jugar. Es un CASTIGO, si.

Y por lo general cometemos el tonto error de desobedecer y seguir corriendo, o de volver a la pista antes de lo recomendado. Consecuencia; nos lesionamos peor o generamos que lo que se iba a recuperar en dos semanas, termina demorando un mes o más.
Y actuamos como si el mundo se fuera a acabar mañana y ya nunca pudieramos volver a correr...

Pero como todo pasa PARA algo, y como creo que de cada cosa hay que aprender, de esto aprendí que a las lesiones hay que darle las gracias.

(Eh?!... se volvió loco?).




Es que pienso; las lesiones pueden ser grandes maestras. Primero porque son un aviso de que algo estamos haciendo mal, algo falla, algo falta o algo sobra. Puede faltar elongación, o calentamiento, o falta mejorar la alimentación, o falta descanso, o falta mejorar la pisada  o cambiar el calzado o tal vez cambiar la superficie.
Tal vez lo que sobre sea volumen de entrenamiento y sean demasiados kilómetros, tal vez sobre sensación de omnipotencia, o sea demasiada imprudencia, quién sabe...tal vez más de una de estas cosas juntas.

Entonces ese el el primer agradecimiento que hay que dar; el cuerpo es infinitamente sabio. Y habla, avisa.
Me enojo con la lesión?... para qué?, si igual no se va a ir...ella ya está ahí.
Y que hacer?.
Primero, detenerse!.
Segundo, ir a un médico.
Tercero, hacerle caso al médico.
Cuarto, HACERSE CARGO.

Esto último es lo que tal vez englobe la solución y la prevención de nuevas lesiones. Descubrir en qué fallamos, cuál fue la causa de la lesión, y RECTIFICARLO!

Reconocer que pudimos habernos equivocado, y si realmente fue así, APRENDER cómo no volver a hacerlo. Ahí entran en juego los médicos, los entrenadores, los corredores más experimentados, los compañeros...nuestra cabeza.

Si asumimos la falla o al menos sabemos cuál fué, corregimos y nos cuidamos, nos haremos más sabios. Por eso hay que "agradecer" a la lesión, "error maestro" si los hay.
Pero si creemos que ya sabemos todo, que nadie nos puede explicar nada de nuevo, las lesiones nos harán más tercos... en realidad seremos nosotros los que nos hagamos más tercos.
Y correr lesionados sin hacernos ver es parte de la terquedad innecesaria. Negar algo evidente, como que estamos "rotos", también lo es.

Cuando tuve esa bursitis, primero me atendí con la más linda y brillante kinesióloga deportóloga de Buenos Aires (se nota que la quiero mucho?..pero además es cierto!). Ella es Leandra Protolongo. Una genia; además de hacer su trabajo "con los dedos", como le gusta decir, me lavó la cabeza con su experiencia.

De ahí en más deje de creerme un super hombre corredor, y me quede con ser "simplemente" un hombre corredor, que ya es trabajo duro de por sí.
Decidí que era más inteligente CORRER MEJOR que CORRER MUCHO. Que la cantidad no es calidad.
Y empecé a ser más selectivo con las carreras a correr; la pregunta empezó a ser; "Me sirve"?, "suma?, "me aporta?, "realmente me interesa"?... si aparacía un sólo NO entre esas respuestas, no la corría.

Así dejé de sobrecargarme con carreras intensas e innecesarias. Empecé a elegir sólo las que me resultaran un desafio interesante, y por supuesto, la pasé mejor.

Aprendí lo "milagroso" que es el hielo para las inflamaciones, aprendí cómo y cuanto usarlo, cómo aplicarlo, aprendí a hacer ejercicios de fortalecimiento muscular, aprendí a no desesperarme, aprendí a ser paciente, aprendí que entrenar no es sólo correr si no también descansar, aprendi, aprendí y aprendí... (ya lo contaré en otros posts)...y todo eso, "gracias" a la bursitis de Mayo de 2010.

(Y para que vean que sigo siendo terco, ahora estoy superando una tendinitis y por eso escribo esto, ja!...)

Gracias a Dios, un dia me lesioné.


GRACIAS POR VENIR.

2 comentarios:

  1. Muy cierto todo lo que dices,pero porque seremos tan "cabezones" y una tonteria de nada que en dos semanas se puede curar, algunas veces las convertimos en largos sufrimientos?

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  2. :) Es eso de "creernos Superman"... cuando no podemos correr nos deseperamos, no?... dificil tema.
    Es que de por sí el corredor, por su naturaleza se demuestra a sí mismo que puede contra tantas dificultades como el clima, el cansancio, las distancias... que cuando aparece un "dolorcito" creemos que también podemos con él... y nos pasamso de la raya...

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