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viernes, 5 de septiembre de 2014

Mi primer 21K: el click final

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SILUETAS, BESOS, AMORES...

Por la ventana se veían los contornos de los edificios. Un recorte perfecto; siluetas de cemento todavía a oscuras. El lunes estaba aún sin luz natural a pesar de las 7 de la mañana que se cernían sobre el reloj. Casi un tercio del día había transcurrido, pero la ciudad todavía bostezaba.

El invierno en Buenos Aires es frío y húmedo. Darle la espalda al Río de la Plata, o en todo caso mirarlo de frente, tiene su precio en el termómetro. El sol se toma su tiempo para salir a escena, como si el ruido de las autopistas lo espantara y le hiciera extrañar la gentileza de algún tango sonando en Caminito, justo ahí por donde aparece cada mañana, al pie del Río, por donde la Vuelta de Rocha se da un beso con Avellaneda y su luna.

Sí; el sol ilumina Caminito, La Boca, San Telmo...y va cubriendo de amarillo en segundos cada rincón de Buenos Aires como una gota de tinta que se dispersa... eso si la niebla no ha tomado antes por asalto estas calles agitadas, de asfalto o adoquín añejo.

En eso pensaba esa mañana de Julio que me atrapó frente al monitor de la computadora. Era temprano pero ya estaba trabajando, y claro..."trabajando".
No había un diario digital en el monitor esa vez, no había un frenético F5 buscando noticias de último momento, no había un zapping caótico de canales informativos... pero sí se leía a todo tamaño; "21K de la Ciudad de Buenos Aires. INSCRIPCIONES".

En el mismo monitor se reflejaron durante cinco minutos mis ojos dilatados por el "pánico escénico".
Nunca en mi vida había corrido tanto. Qué estoy haciendo?... yo, ese tipo que "apenas" llegó a correr 10 kilómetros, que ha entrenado a lo sumo 13, 14... Cómo se me ocurre soñar con una media maratón cuando faltan sólo dos meses?... Cómo es que considero siquiera la posibilidad de poder lograrlo?... Cómo puede ser que...?, Cómo puede ser que ya me haya anotado?, en qué momento acabo de hacerlo?... acabo.. de... hacerlo...

Había completado mis datos, el corazón me latía fuerte mientras lo hacía. Llegar a la parte de "Contacto de emergencia" me hizo correr un escalofrío por la espalda. Mmmhh... a quién pongo?... a cuál de mis personas más cercanas le afectaría menos ir a verme al hospital?, pensaba tragicómicamente...
Cuando los campos estuvieron completos, respiré profundo. Acepto términos y condiciones. Confirmar inscripción. Enter. Estoy loco.


Creo que si mi cabeza no hubiese detectado nervios, miedo y adrenalina, no lo hubiese hecho. No me hubiese inscripto. Pero esa maldita-bendita necesidad de desafiarme, otra vez me había hecho meter en un hermoso problema.


Una postal de aquel 21 de Septiembre de 2008
 

YO SOY AQUEL

Ya conté sobre mi primer 10K en un relato anterior. Habían pasado dos años de eso. Dos años de "corredor golondrina", de ir y venir, de correr por tres meses, dejar cinco y volver... acorde a mi necesidad. En ese par de años después de mi primer 10K había corrido bastante rusticamente algo así como 6 o 7 carreras, pero la mayoria en los ultimos meses... el 2008 empezaba a encontrarme cada vez más entusiasmado con "eso de correr"...

No sabía nada de nada; no sabía de zapatillas, ni de técnica, ni de ritmos, de hidratación, elongación o rutinas. No tenía idea de braceo, de pasadas, fondos o geles. No sabía en donde quedaba el "sóleo", ni el tensor de la fascia lata ni qué era el periostio... No sabía quien demonios era Haile Gebrselassie ni Paula Radcliffe (si tampoco lo sabes, no pasa nada, sólo soy un poco obsesivo).

No imaginaba que iba a estar escribiendo este blog, filmando videos, viajando a New York, tatuándome un leopardo en la pierna, dando "recomendaciones" a otros corredores o toda esta locura... ese era yo, hace cuatro años.

Sólo sabía que correr me daba mucho placer. Que habían carreras que encontraba de casualidad en algún afiche callejero, que "entrenando" un poco estaba listo... y no salía nada mal...sólo me ponía esas zapatillas duras que compraba "porque son lindas", me ponía una remera que parecia conveniente y ya...

Pero correr 21K... era una locura.


SEPTIEMBRE

Quedaban dos meses y no sabía si iba a llegar. Y eso me mantuvo vivo. Vivo y alerta.
Hacía poco me había mudado y extrañaba mi querido Parque Centenario, con sus veredas rotas y las viejas de los gatos. No estaba ni cerca de tener un Garmin que midiera distancias de entrenamiento, ritmos, pulsaciones ni nada de eso.. apenas un cronómetro común y un cálculo casero... por eso digo que "creo" que corría 3-4 veces por semana con un volumen máximo de 14 kilómetros... en esos dos meses llegué a 16, "y que sea lo que Dios quiera".

Claro que tampoco entrenaba en un equipo, no tenía profesores, no tenía plan de entrenamiento, no tenía fundamentos técnicos... ni siquiera sabía que existían muchas de esas cosas. Yo sólo salía a correr instintivamente.
Estaba un tanto "desprovisto". Tenía el arrojo de los que no tienen  real dimensión de dónde se están metiendo. Tenía pocas cosas...pero tenía coraje y ganas. Y eso es justo lo que no puede faltar.


LA EXPO

Recuerdo haber llegado a la expo donde se entragaban los kits. Habían pasado los dos meses, y te diré que es lo que sentí.

Que estaba solo en esto. Que estaba por intentar algo que nunca había hecho. No sabía que sabía poco del tema. Tenía miedo de no llegar. Que no sabía qué le pasaría a mi cuerpo corriendo semejante distancia.

Que nunca había corrido tanto en la vida "de una sola vez". Que había mucha gente que sabía más que yo y que empezaba a tener más miedo por ver el respeto que le tenían a la distancia.

Que a medida que se acercaba el día no podía dormir bien. Que hablaba todo el tiempo de mis 21K con gente que me miraba y poco parecía importarle, pero que necesitaba hacerlo para descomprimirme.
El no tener un equipo en ese entonces, me llevaba a hablarlo con cualquier persona... y me tenian que aguantar.

Empecé a buscar con cuidado en internet. Sitios que parecieran "serios". Alimentación, recomendaciones, entrenamientos.. no encontré videos motivacionales y eso es algo que noté y parece que quedó registrado en mi subconciente...y quedó "incubando".

Cuando llegué a la expo había un stand de un grupo de entrenamiento de la marca sponsor... proyectaban un video de gente entrenando... me apreció fabuloso. Pregunté el precio, los horarios... no era caro. Pero me pareció que me daría mucha vergüenza, yo novato, presentarme con esas "bestias" que aparecían en los videos...Incluso cuando salía a correr con mis remeras de 10K, me sentía un ñoño cuando me cruzaba con alguno que llevaba estampada una con un 21K y pensaba; "este animal ha corrido una del doble de distancia que yo... que looser soy"... lo pienso hoy y me rio de mí mismo y de mis inseguridades.

Hoy me da mucha emoción cuando los "nuevos" me dicen eso mismo... pensar que yo razonaba del mismo modo, me dan muchas ganas de alentarlos y hacerles saber que son grandes y capaces aunque ellos ya lo sepan...
De todas maneras no fue en ese momento en que empecé a ir a un grupo. Deberían pasar unos meses más... pero otra cosa más quedó incubando en mi cabeza...ya eran dos.

Retiré mi remera. Hermosa. Color anaranjado que aún conservo y que considero tan especial. Muy linda ella. Veía esas zapatillas sofisticadas, esa ropa "rara" (se llama "ropa técnica", hijo... "ropa técnica").

Ya no había vuelta atrás... el miedo se empezó a transformar en adrenalina... faltaban 48 horas. En realidad menos... de viernes a la tarde al domingo a la mañana, el perverso reloj gozaba viendo mi mirada furtiva cada 30 minutos sobre sí.

Ultimas horas. Había leido por ahí que había que comer pastas, frutas, tomar más líquido que lo habitual desde un par de dias antes... y ahí estaba yo; entre spaghettis, bananas y bebidas isotónicas.
La noche anterior me persigné. Entregué la situación. Ya era hora de enfrentar el desafio.

Podré dormir?... podré lograr dessszzzzz..?
Sí. Dormí.

Foto oficial: Gorra negra, "riñonera" cronómetro simple y la tirita en la nariz. Km 15


DOMINGO 21 DE SEPTIEMBRE. 2008

Había mucha nubosidad. No sabía eso en ese momento, pero es algo bueno para correr.
La largada estaba en la histórica Plaza de Mayo de Buenos Aires. Frente a la Casa de Gobierno, a la Catedral Metropolitana y demás...

Se ve que no tenía dimensión de verdad acerca del evento. Llegué sin mucha anticipación. Dos cuadras antes empecé a ver la marea humana de miles de remeras anaranjadas atiborradas en Diagonal Norte.... "Carajo.. tanta gente?". Tardé 5 minutos en cruzar la alfombra, por lo menos eso bajó mi ansiedad.

Vean al "nuevo". Las zapatillas eran cada vez más adecuadas para no lastimarme ni lesionarme. Empezaban a ser más "eficientes" que "lindas". Me puse una gorra negra que aún conservo también. Y de lo que hoy me rio; nos habían dado en la expo de esas tiritas para "respirar mejor" de cuya real utilidad hoy dudo.
Pero bueno... me la puse sobre el tabique nasal según instrucciones... parecía "más atleta".. quién sabe.

Recuerdo que había leido algo de unos geles y no se cuánto... "geles"?... para qué, de qué son?... no, no... por las dudas, no (algo más quedaba incubando en mi cabeza)... y decidí la hilarante idea de llevar una banana "para el recorrido". Lo hilarante no es tanto la banana, si no, dónde llevarla... y encontré la solución en una riñonera (o "banano" como le dicen en otros paises de Sudamérica).

Tenía algunas premisas además de miedo; correr tranquilo para llegar. Saber que si llegaba bien al kilómetro 17, iba a poder lograr terminarla. Nota mental; pasado el kilómetro 16, comerme la banana.


Y TODO FLUYÓ

Me sorpendí corriendo feliz, cómodo, suave... ví que más allá de las apariencias, había mucha gente que corría más lento que yo, me animaba pensar que aquel que parecía un espartano feroz, se quedaba muy detrás mio. Esa odiosa comparación me hacía ganar confianza en mí. Uno aprende con los años que es mejor ser liviano y menudo para correr distancias largas.

Y corrí...y corrí y fui feliz. Recuerdo que estaba lleno, pero lleno de brasileños. Como 1.500 supe después. Era un clásico, supe después.
Nunca miré el reloj porque tampoco tenía idea de calcular ritmos y eso...Cuando llegué al kilómetro 15, pensé en la banana. Creo que había visto demasiado "Popeye el marino" de chico, que creía que la banana sería como la espinaca; que me daría inmediatamente un envión. Uno aprende después que el organismo tarda más de lo que uno piensa en procesar los beneficios de la noble banana, pero psicologicamente era eso; un envión.

Asi que en el kilómetro 16, me comí la banana como quien recarga combustible. Otra premisa que tenía en mente; si paso el kilometro 17 con resto físico, acelero la marcha apenas llegue al 18.
Y llegué excelente. Empezaba a invadirme cierta euforia que fue creciendo, como cuando el sol tiñe de amarillo la mañana, sin prisa pero sin pausa. Y es que el sol ya había salido. Y mi sonrisa también.



KM 18
 
"Solo faltan tres", pensé y me sentía tan bien, que empecé a apurar el paso y a pasar a muchos corredores que ya no daban más. Hoy sería divertido saber los ritmos que puse en eso ultimos 3 kms de carrera, especialmente en el último. La prueba terminaba en la misma Plaza de Mayo.

Y por ahí llegué yo, cada paso que hacía era una cachetada de euforia y endorfina.

Dios mio, lo estaba logrando.
Dios mio, el loco, el inconciente, el miedoso, el mal entrenado, el nuevo... lo estaba logrando.
Dios mio... no sabía hasta ahí de cuánto era capaz.

Y los ultimos metros estallé en una sonrisa increible, luminosa, interminable, estallé en euforia, en alegría, en emoción... empezaba a entender que correr no era solo correr, empezaba a darme cuenta de que correr es un estado mental, un puente hacia la felicidad... un camino de aprendizaje, de saber que uno puede más de lo que cree...

Ahí estaba ese loco, terminando por primera vez en su vida, de correr tanto de una sola vez.

Levanté las manos, "el puño en alto", no me importaba nada ya.
Era el Rey del mundo junto a esas decenas que llegaban conmigo.

Todavia lloro cuando recuerdo aquello, como ahora lo estoy haciendo.

Crucé la linea, grité, aplaudí, me emocioné... y fui a retirar mi medalla. Esa que sin saber, me había ganado durante muchos meses de entusiasmo y preparación.

Algo estaba creciendo en mí. Mi corazón latía fuerte, pero no sólo por correr... la felicidad no cabía en mi cuerpo... me estaba enamorando de correr. Y el amor era correspondido.


Foto oficial: Ultimos metros, llegando a la meta en Plaza de Mayo, con enorme sonrisa


RÉQUIEM PARA UN MIEDO

Correr una carrera hace que, en cada paso que das, le des un pisotón a tus miedos.
Correr es desafiarse de manera permanente. Tirarse a un circo lleno de leones hambrientos para ir domándolos de a uno.


Pero... por qué elegí hablar de mi experiencia, si quien corre su primer 21K sos vos?.
Por qué llegaste hasta acá leyendo?.
Yo sé por qué.

Porque vos y yo estamos hermanados aún sin conocernos.
Porque aquellos miedos mios hoy tal vez te pertenezcan, o tal vez dibujes la sonrisa cómplice de saber que pasamos por lo mismo.

Si es tu primera vez, disfrutala lentamente, suave, sin prisa pero sin pausa.
Enamorate de tu poder, de tu fuerza, de tu belleza humana.
Te aseguro que vas a lograrlo. No habrá fantasmas que te venzan si en tu corazón llevas la victoria.

Desde ahora imaginalo, visualizá tu llegada.
Lo estás haciendo?.. qué esperás?... Hacelo!
Allá ves el arco... hay mucha gente aplaudiendote. Te esperan más allá de la llegada. Cada vez los gritos suenan más fuertes, sincronizando volumen con los latidos de tu corazón, que se sale de tu pecho de lo feliz que está.

Cómo vas a festejar tu pequeña epopeya?... vas a levantar los brazos?, vas a abrazarte con alguien?, vas a mirar al cielo?, vas a pensar en alguien?... Quiero que lo imagines ahora, que desees llegar feliz, que te llenes de energía.

NADA es más fuerte que tu corazón y tu mente trabajando juntos. Nada más simbólico que cruzar una meta, que es como atravesar miedos y dejarlos atrás.

Nunca te olvides que la victoria está en el corazón.


MISMAS SILUETAS, MISMOS BESOS, NUEVOS AMORES...

Por la ventana se veían los contornos de los edificios. Un recorte perfecto; siluetas de cemento que ya no estaban a oscuras. El lunes estaba luminoso y brillante. Las 7 de la mañana se cernían sobre el reloj. Casi un tercio del día había transcurrido, pero la ciudad todavía bostezaba.

La primavera en Buenos Aires es gentil. El sol sale a escena cuando aún estamos en casa despertándonos, y justo ahí por donde aparece cada mañana, al pie del Río, por donde la Vuelta de Rocha se da un beso con Avellaneda y su luna.

Sí; el sol ilumina Caminito, La Boca, San Telmo...y va cubriendo de amarillo en segundos cada rincón de Buenos Aires como una gota de tinta que se dispersa... y la niebla en primavera, está prófuga y sin pedido de captura.

En eso pensaba esa mañana de Septiembre que me atrapó frente al monitor de la computadora.
Era temprano pero ya estaba trabajando, y claro..."trabajando".
No había un diario digital en el monitor esa vez, no había un frenético F5 buscando noticias de último momento, no había un zapping caótico de canales informativos... pero sí se veía a todo tamaño una foto mía sonriendo y cruzando una meta; "21K de la Ciudad de Buenos Aires. LO LOGRASTE".

Habían pasado 2 meses de aquella mañana de miedos y dudas.  De ese ENTER "inconciente".

Un nuevo ser iba naciendo dentro mío. Me sentía fuerte, poderoso y feliz... Había sido el click final para un nuevo inicio...y de tantas cosas que empezaron a incubarse dentro mío, empecé a soñar con mi primera maratón. 


Hoy guardo de recuerdo la remera, la medalla y hasta la caja del kit.


GRACIAS POR VENIR

Twitter: @luchorunner

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sábado, 12 de octubre de 2013

LA GLORIA DE LOS 42 KILÓMETROS (Cada vez falta menos)



El reloj no se detiene.

Cada segundo pasa y las agujas siguen girando.

Cada vez falta menos para que estés parado en la largada. Y no es cualquier largada.

VAS A CORRER 42 KILÓMETROS.

Es un mito viviente. Es una leyenda que revive en muchos rincones del mundo, pero que sólo un ínfimo porcentaje de valientes se animan a atravesar.

Es La Madre de todas las distancias.
Es un desafio único, es leyenda, es adrenalina, es pasión, es excitación.
Y a medida que estás leyendo esto, siguen pasando los segundos...


CADA VEZ FALTA MENOS.


Para que sientas que tu corazón late fuerte, que tus pupilas se dilatan, que tus ojos se ponen vidriosos.
Para que meses de entrenamiento se pongan al servicio de tus sueños.
Para que saques a relucir tu coraje, tu temple, tu mentalidad de triunfador.
Los segundos siguen pasando... corrió casi un minuto desde la última vez que miraste el reloj.


CADA VEZ FALTA MENOS.

Para que mires a los ojos de otros seres humanos que estarán a tu lado, a los que quizá nunca hayas visto antes, pero con esa sola mirada fugaz, saben lo que están sintiendo al mismo tiempo.
Para que te sientas hermanado con esa masa de heroes encolumnados, que va tras el mismo sueño.
Para que aplaudas en la cuenta regresiva, para que le desees éxito al de al lado.
El reloj no se detiene.. otro minuto ha pasado.


CADA VEZ FALTA MENOS.
  
Para que el disparo de salida suene como un estampido que pone en alerta a una manada de fieras.
Para que los gritos de euforia suenen a coraje.
Para que un paso tras otro empieces a participar de una masiva muestra de fé y de valentía.
Y a medida que lo pensás, lo imaginás, lo sentís... los segundos siguieron pasando.


CADA VEZ FALTA MENOS.

Para que llegues a los 10, a los 21, a los 30 kilómetros.
Para que te enfrentes con el maldito muro.
Para que pongas tu garra y pasión.
Para decirle a tu cabeza que hay razones que sólo el corazón entiende.


CADA VEZ FALTA MENOS.

Para que emocionado y exhausto llegues al 41 y tu alma resucite.
Para que tus ojos se inunden de alegría.
Para que se te haga un nudo de felicidad la garganta.
Para que levantes tus brazos dando gracias al cielo.
Para que sientas que hiciste una hazaña.
Para que te abraces fuerte con alguien o eleves tu mirada dedicando tu proeza.
Para que te repitas una y mil veces que pudiste lograrlo.


CADA VEZ FALTA MENOS.

Y ya no te importa el reloj, no te importa el miedo, no te importan las dudas.


Te deseo lo mejor, porque primero te lo deseaste a vos mismo.

No detengas tu sueño, aún cuando se ponga dificil.

Te dejo mi abrazo.

VAS A LOGRARLO!!


CADA VEZ FALTA MENOS... 

PARA QUE SEAS UN SUPERHEROE EN ZAPATILLAS.



Autor: Lucho Runner. Junio 2012

GRACIAS POR VENIR

Twitter: @luchorunner


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La mentalidad del corredor de fondo


Foto: Nancy Gacitúa

El corredor de fondo es un tipo de raza especial.

Primero, porque una maratón no se corre sólo con las piernas y el entrenamiento. Si así fuera, los maratonistas seríamos muchísimos más al depender de algo "solamente" externo, algo que depende de una repetición mecánica de entrenamiento físico.

Qué diferencia a un maratonista o corredor de fondo de otros atletas o deportistas?...


LEER EL TEXTO COMPLETO ACÁ



Maratonista, yo sí te entiendo...





Se viene la maratón... faltan pocas horas... y yo te entiendo, entiendo lo que te pasa, entiendo lo que sentís.

Entiendo que esta semana hayas estado ansioso, más que de lo normal...

Entiendo que en estas últimas noches te costara dormir...

Entiendo que estes un poco cansado de comer fideos....

Entiendo que mires una y otra vez la ropa que vas a usar para correr...

Entiendo que "de repente" empezaras a sentir alguna molestia fisica inesperada, tan inesperada como son las jugadas que te hace la cabeza...

Entiendo que sólo hables de "la maratón que voy a correr" y que en el trabajo nadie entienda bien de lo que hablás, y hasta te pongan cara de... "Otra vez hablando de lo mismo?"...

Entiendo que entres a Internet a "despejar dudas" y a encontrar en Google la experiencia de otro maratonistas...

Entiendo lo que esto significa para vos...

Entiendo que hoy te hayas despertado antes, y que en la ultima noche mires el reloj a cada rato...

Entiendo que estes nervioso...

Entiendo que tengas MIEDO...

Entiendo que te estés emocionando en estos momentos... puedo adivinarlo, porque yo también lo estoy haciendo...


Te juro que te entiendo. Falta poco para enfrentarte a LA MADRE DE TODAS LAS DISTANCIAS...

Y te entiendo por una sencilla razón; SOY UNO DE LOS TUYOS.
Hablo tu mismo "idioma runner"... a mi también se me pone la piel de gallina.

Te doy un fuerte abrazo virtual, sabé que en el mundo somos muchos los que te entendemos.

VAMOS GUERRERO!!!... 42 kilómetros... "NADA MAS"... VAS A LOGRARLO!




GRACIAS POR VENIR

Twitter: @luchorunner


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sábado, 9 de marzo de 2013

El Cruce Columbia 2013 / DÍA 3 (FINAL) : "La determinación"



Determinación.
 (Del lat. determinatĭo, -ōnis).
  1. f. Acción y efecto de determinar. Decidir.


"La determinación"


Me sentía cansado... era un momento en el que el cuerpo parecía no responderme.
Era lo más duro que había corrido en mi vida. Definitivamente.
Mis pensamientos empezaron a volar...

Y lo curioso era que no pensaba en la agitación, por ejemplo... pensaba; "Hoy no vino Pingüino... por qué no habrá venido?". Tal vez era una mantra para distraerme de tantas sensaciones extremas para mi cuerpo.

Pensaba también que si él no había venido, no sabía quién era el segundo corredor más rápido que él. 
Nunca había estado ausente. Y era rápido, más rápido que cualquiera.

- Por qué le dirán "Pingüino"?. No es barrigón... no es petiso, no camina chueco... no es "tan" bobo...
"Pingüino" tiene un cuerpo flaco, desgarabado, en apariencia no sería apto para ningún deporte, pienso...
Sin sospechar que un buen fondista no necesita un cuerpo enorme, si no todo lo contrario; ser liviano y si se es pequeño, mejor.
Cuando se deja el pelo largo, los rulos empiezan a darle un aparente gran volumen a su cabeza, principalmente a los costados... por eso además le decimos "Krusty" .

Eso pensaba mientras tanto.
Y como nunca se me hubiese ocurrido, esa tarde de mi últmo año en la escuela secundaria, hace ya muchos años, tomé la punta de la "carrera". Estábamos haciendo el test de Cuper, y el corazón se me salía por la boca.

Hasta ese día, era lo más duro que había corrido en mi vida. Definitivamente. Tenía 17 años.

Yo también era muy flaco y desgarabado. Nunca hice otra actividad más que jugar un poco al fútbol con mis amigos del barrio. Ningún entrenador de nada me hubiese reclutado para sus equipos, y tampoco me importaba. Lo mío era "ser periodista y trabajar en la radio".

Pero yo tenía algunos diferenciales; justamente, era uno de los más flacos y livianos, siempre había caminado mucho, y por sobre todas las cosas... era uno de los pocos que no fumaba en ese quinto año de la escuela secundaria.

"Cinco vueltas al colegio", había anunciado el profesor. En orden de llegada nos iba a cronometrar y a poner la nota correspondiente.

Así descubrí que al menos en ese momento, yo era el más rápido después de "Pingüino".
Es el único recuerdo de haber ganado una carrera en mi vida. Atrás llegaban en este orden, los demás; los que hacían deportes de manera permanente, los flacos, los fumadores, los que estaban pasados de peso... Pero yo gané. No había medallas, ni podios, ni fotos. Había un 10. El único también que tuve en mi vida en Educación Física. Lo otro mejor, fué un 9 en abdominales, que sin saberlo, era tan importante para correr.


Con aquella escena soñé en mi ultima noche en El Cruce. Fue real, pasó de verdad alguna vez. Era un sueño y un recuerdo a la vez.
Me desperté y mi compañero de carpa ya se había ido a desayunar. Era el tercer día, el que no iba a hacer.

Habré dormido poco más de cinco horas. Una de las primeras sensaciones que tuve, fué de hambre. Mucho hambre.
Después de los episodios de vómito de la noche anterior, no había cenado, y apenas había tomado unos sorbos de agua tras haber corrido 40 kilómetros en la montaña.

Abrí los ojos y empecé a mirar en el reducido espacio, debía organizarme para armar mi bolso e irme a San Martín de Los Andes. No quería pensar más... me hacía mal saber que  volvía a casa sin haber cumplido mi objetivo.
Me dispuse a levantarme... cuando apoyo los pies, detecto un nuevo dolor que se sumaba a todos los otros. Era al costado, cerca de los talones.

Habían crecido mucho las ampollas del día anterior. Estaban con líquido y pisar me hacía doler. Elegí pisar chueco, rengueando... Buen día, maldito día final.

 
Souvenir de mi suero de montaña

La luz del día

Cuando salí de la carpa ya estaban listos muchos de los corredores que saldrían en la primer tanda en los buses, hacia el punto de largada.
Ya no estaba desanimado; esta resignado.
Me abrigué con un buzo marrón, jogging largo, y ojotas, para poder caminar sin rozar las ampollas.

Me fuí hasta la carpa del desayuno. "Vamos a provocar a este estómago", me dije. Pero suave. Pedí mate cocido y una tostada sin nada.
Al menos no lo devolví y eso me relajó un poco. Me sentí aliviado y con un poco menos de hambre.

Estaba apenas un poco mejor que hace 6 horas, cuando me acosté en calidad de peso muerto, pero me dolía todo. Iba a necesitar muchos dias para recuperarme de semejante paliza de 70 kilómetros de montaña.
Así, cojeando, llegué a la carpa donde se cargaban  las baterias de los Garmin y de las cámaras de fotos.
Ya tenía que armar el bolso antes de que se me hiciera tarde. Una vez que tuve todo, grabé mi despedida en video, ciertamente triste. Mi cara reflejaba la decepción.

Al lado de la carpa de carga de baterias estaba la carpa médica. Se me ocurrió que sería una buena idea curarme las ampollas. Ya casi no quedaba gente en el campamento y no había que esperar.

Ahí estaba Roque, el médico, atendiendo a los últimos corredores. En la corta espera, empecé a mirar a mi alrededor... veía a soldados que habían vuelto de una guerra. Los veía cojear, veía sus gestos de dolor, los veía caminar lento. Estaban casi tan explotados como yo. Me dí cuenta de que eran varios. Eran los últimos que iban a partir hacia la salida.
Escuchaba sus conversaciones... "Como sea voy a llegar", "Voy a caminar lo que queda", "Vine para irme con mi medalla" .
Los miraba con admiración por tanto coraje. Yo sólo quería curarme las ampollas para poder caminar como una persona normal.

Llegó mi turno. Me senté en un banquito y mostré mis pies. Roque abrió un sobre que tenía una jeringa estéril. Pinchó la primer ampolla y con el dedo pulgar la presionó para drenar el líquido.

- Aaaah, boludo, noooo!

El insulto fué un reflejo, fué instinto, una reacción al dolor repentino, como quien se golpea el dedo meñique del pie con la pata de una silla.

Duró 3 segundos, pero pareció una eternidad y valió la pena. Cuando me repuse, le pedí disculpas al Doc...
"Perdóname, sentí mucho dolor"... simplemente sonrió sin mirarme y siguió con el otro pie.
El dolor fue similar, pero evité putearlo apretando mis dientes.

Me puso vendas en los dos pies y me indicó que me pusiera medias. Eso hice ahí mismo; mis soquetes para correr... me mira, me pregunta con cara de no comprender...

- Por qué usás esa medias?

- Son para correr... pero en calle, nunca corrí en la montaña... no sabía...

- Tomá estas, son mias... 


Sacó de una bolso un par de medias de caña bien alta, para correr en montaña, obviamente, y me las regaló.


- Pero no voy a correr, me voy a San Martín...

- Ponetelas igual...    


Salí caminando, bastante más cómodo por las vendas. Me fuí hacia mi carpa, pero antes de llegar, me senté en un lugar en soledad, donde nadie me veía, a pensar.



Epifanía.

Como si fuese un álbum de fotos en mi mente, empecé a repasar los momentos vividos, no sólo en las últimas horas, si no también en las últimas semanas.

Empecé a recordar cada kilómetro de entrenamiento, cada mañana, cada tarde, cada noche...
Me había sacrificado mucho. Había hecho un esfuerzo increíble algunas veces. Había vuelto a casa muy tarde a la noche, o había salido a correr con oscuridad antes de amanecer. Había resignado muchas cosas, había sido mi pequeña epopeya.

Pensaba en que volvería a casa destruido fisicamente y sin mi medalla. Porque, por más que me la dieran de todas maneras, el honor de un maratonista no me permitiría usarla ni mostrarla sin haber completado la distancia. Un corredor que corre con el corazón no miente, ni se miente. 
No corta camino, no roba metros, no inventa, no usa una medalla que no ganó de verdad. 
Las medallas no se pagan, se ganan corriendo.
Es honor. Eso es ser maratonista.

Las lágrimas me llenaron los ojos. No quería que me vieran, por más que cualquiera en ese lugar me hubiese entendido.
Y los volví a mirar a la distancia; estaban ahí, como yo, con sus cuerpos a la miseria, pero con sus corazones intactos, con una sonrisa cansada pero profunda. Con sus miradas encendidas, con su honor herido, con su tenacidad inelterada.
Caminaban como en una procesión de héroes. Estaban como yo, pero de pie y en camino a cunplir con su autopromesa.

Mi honor estaba sentado en un rincón junto a mí.  

De repente, como un impulso, un fuego se encendió en mi pecho. 

Veía más fotos en mi cabeza, corriendo mi primera maratón en Buenos Aires, atravesando Nueva York lleno de sonrisas, cruzando la meta en Rosario, eufórico con mi primer 10K, entrenando con mi equipo, tatuándome la pierna con el 42K como si fuera una unión para siempre con la madre de todas las distancias....

El fuego se hizo enorme, miré mis pies vendados, miré a la montaña, miré al cielo, sentí que mi orgullo me empujaba, que el corazón literalmente empezaba a golpear más intensamente dentro de mi pecho, que el desafío me provocaba una vez más, tal vez como pocas veces en la vida...

Tragué saliva... me sequé las lágrimas... respiré hondo... me puse de pie.

Y me dije... "VOY A TERMINAR ESTA CARRERA".


Campamento casi vacío; decidí terminar


Determinación.
 (Del lat. determinatĭo, -ōnis).
 2. f. Osadía, valor.



"Esto es una locura", pensé. Son 28 kilómetros, pero decidí aunque sea caminar. 

Yo también había ido a buscar mi medalla en la meta, yo también quería ganar mi propia carrera, como aquella tarde de Noviembre en el secundario, en la que con el corazón en la boca, llegué primero que nadie.

Faltaba poco para la salida del último bus que llevaría a los corredores a la meta.
Hice todo rápido. Me vestí con ropa de carrera, busqué alimentos en la carpa. Armé la mochila. Me encinté los dedos, me puse vaselina, preparé la cámara.

Cargué la mochila con agua y dos botellas con isotónica. Las zapatillas de trail estaban llenas de barro porque la noche anterior ni siquiera tuve ánimo para lavarlas, de todos modos no se hubieran secado.
Ya no me importaba más nada que llegar a la meta, mi corazón estaba prendido fuego. Me puse mis zapatillas de calle, decidí terminar con ellas.

Tomé el último bus.

A la largada llegamos juntos, mi honor y yo. 

 
Correr o morir

No se trataba de morir literalmente, claro... pero la elección era correr o morir, "morir" en el intento.
Y decirle a un corredor que se rinda, es una de las más deliciosas provocaciones que se le pueda hacer. Una de las más imprudentes también.

Largué. Y a caminar. 28 kilómetros, "nada más". Buen día, bendito tercer día.

Kilómetro 4. El cielo estaba totalmente cubierto, humedad, lluvia otra vez.
Apenas había guardado en mi mochila una campera negra de running, liviana, de buena calidad. La noche anterior no había ido a la charla técnica, porque estaba durmiendo en la camilla con suero. Pero había oído por ahí que iba a hacer mucho frio.

Kilómetro 8. Subidas y bajadas dentro de un bosque. Cada tanto la lluvia aflojaba, el bosque nos daba un refugio temporal.
Salimos de él, eramos pocos en mi línea, había salido tarde. Caminamos después por una zona plana, arenosa.
Me puse la campera negra, pero como llovía de manera tan persistente y no quería que se me mojara la mochila con todo el contenido adentro, me la puse sobre ella. Eso hacía que no pudiera usar el cierre, así que mi pecho quedaba al descubierto.


El bosque profundo de los primeros kilómetros


Kilómetro 13. Habíamos llegado al punto más alto del tercer día. El más alto y más cruel de toda la carrera para mí. Era una planicie desértica, sin árboles, sin refugios, sin descansos, y lo peor de todo, con viento en contra y una lluvia muy fría e intensa que se avalanzaba sobre nosotros, como si un perverso Gran Hermano hubiera decidido jugarnos la última broma pesada de la carrera.

Mis piernas respondían mejor de lo que hubiese pensado la noche anterior. Me limitaba a caminar, pero no me creía capaz de tal "hazaña" hacía pocas horas.
La venda que me hizo el Doc era definitivamente un milagro de tela, y agradecí la providencia de haber aceptado sus medias, que me puse sobre las mias, para aminorar aún más el contacto de la zapatilla con las ampollas. La articulación de la pierna seguía siendo mala, pero con el cuerpo caliente y con la desesperación por escaparle a la lluvia, la cosa marchaba.
Nunca sentí tanto frío en medio de una lluvia, nunca deseé tanto encontrar refugio. Pero nada.
Ese tramo era un desierto que te devoraba la moral. Que te tiraba de las piernas queriéndose apoderar de tu voluntad, tirandote al pantano del abandono.

Eso duró más de una hora. Pensaba que corriendo, hubiese sido mejor. Pero prefería cambiar a pensamiento positivo; "Ya hice mucho, ya será mejor."
Pensaba en que al otro día, no sé en que lugar, estaría desayunando el mejor café con leche caliente de mi vida. Pensaba hasta en qué facturas con dulce de leche iban a acompañarme. Pensaba en un lugar caliente, con ropa seca.

Simplemente pensaba que si terminaba esta jornada, ese sería mi premio. Nada más motivador que cosas simples cuando una situación extrema quiere doblegarte.
Pensaba en eso y casi desesperadamente miraba hacia adelante cada tanto, para ver si veía algún manchón verde, algún bosque donde el camino nos refugiara de la lluvia.


Escapando de la lluvia. Sonrisa sólo para la foto


Kilómetro 17. Empezamos a bajar por una zona rocosa. Infinito dolor en cuadriceps. Por fín el cielo escuchó nuestras plegarias y llegamos a un bosque.
De allí en más, casi todo el resto del recorrido sería en soledad. Nos empezamos a separar cada vez más.
La lluvia seguía, pero los árboles nos servían de techo. Trataba de no mirar el reloj para no saber la distancia que restaba hacer. Sólo pensaba que cada paso que daba, era uno menos que faltaba para la llegada.

En el kilómetro 20, aproximadamente, entramos a un Parque Nacional, ni me pregunten el nombre. Saqué un paquete de galletitas que llevaba en la mochila. Había consumido "lo de siempre", excepto geles, por las dudas... en realidad tomé sólo uno.
El sabor de las galletitas ya me asqueaba, pero me obligaba a comer. Llevaba más de 5 horas en camino, y había estimado que iba a demorar más de 6. Tomaba abundante agua, por suerte nunca asomó el sol ni el calor.
Toda mi ropa estaba mojada. También mi pantaloncito de running para calle. Deseé tener puesta una calza larga o lo que fuera que me abrigara más en la lluvia. Ni hablar de los guantes que me habían prestado y que tampoco llevé conmigo esa mañana. De todo se aprende.

Empezaron a aparecer detalles de "urbanidad" en el parque. Carteles indicativos. Como un espectro vi una silueta allá atrás, lejos... con los metros y en el silencio de la inmensidad, oía el movimiento de ramas, pasos sobre la hierba que se aproximaban. 
Era una chica, que en cuestión de minutos me alcanzaría. Sólo vi una silueta oscura una sola vez. Después sólo escuchaba el sonido, pero extrañamente no la veía. En ese momento, si veía una guadaña, hubiese corrido más rápido.

El Parque
En un momento se acabó el sendero y se conviertió en camino. Camino para autos.
Empiezo a ver que adelante van dos corredores más. Los voy alcanzando. Un puesto con agua, con dos personas que nos dicen que faltaba un kilómetro para salir a una ruta que nos llevaría hasta el paso fronterizo con Argentina. Era mi primer diálogo con otras personas en muchos kilómetros.

Sentía un gran alivio y no paraba de pensar en el milagro que es el cuerpo humano. Juro y contaré mil veces que la noche anterior estaba tirado, en posición fetal sobre una camilla, deshidratado, destruído, resignado.

Llegué a la recta de ese camino, aún rodeado de bosque y montañas, hablando sólo, como loco, claro.
Ya no tenía ningún apuro. Noté que al final de la recta que transitaba, se veía el cruce de la ruta, y los autos pasando por ella.
En ese cruce, otro puesto, pero sólo para indicarnos que debíamos doblar hacia la derecha.

- En un kilómetro está la frontera

Nos avisan que debemos ir por el costado de la ruta, que en esa altura, era transitada por vehículos que iban de un país a otro. El camino era afortunadamente llano.

Empiezo a apurar el paso. Como un chiste cruel, mi cuerpo se anima ahora a "trotar" suavemente. No lo puedo creer. A lo lejos veo a dos muchachos más, caminando lentamente y con los bastones, a pesar del llano. Uno de ellos se presenta como "Pedrito Grillo", con notorio acento litoraleño. Me dice que me vió en algunos de los videos que subí a internet, y que es el único correntino en El Cruce. El otro es Alejandro, con indisimulable acento cordobés.

Vamos juntos hasta la frontera, entre chistes y riendonos de nuestras rengueras.
Cuando vamos llegando al puesto, me lleno de emoción, de euforia, de felicidad... los autos que pasan nos tocan bocina, nos alientan.
Nos piden el papel de salida del país, en una mesa especialmente dispuesta para que los corredores hiciéramos el trámite.
Nos dicen en esa pequeña carpa que faltan "dos kilómetros ochocientos" para la meta.

Cuando arranco ese último tramo, simplemente grito, grito muy fuerte, es como si de repente me hubiesen inyectado una jeringa con euforia.

- "Vamos mierdaaaaa!"


Epílogo apasionado


"A cuánto desafío se atreve un alma que corre?

Se puede medir?, se puede pesar?, se puede mensurar un desafio acaso?

Qué busca esta gente que corre?.... busca probarse?, demostrarle algo a los demás?, volar hacia otro planos?, reir?, llorar?. Busca a Dios?, se busca a sí misma?..."


El cuerpo es un milagro que para nosotros, los que creemos en Dios, es inexplicable. Sólo comprendido por Él. Sólo posible de ser creado por Él.

Si no, que me expliquen cómo es que pude empezar a correr, sí; a correr en esos dos últimos kilómetros después de casi 100.

No lo podía creer. Miré mi Garmin y estaba yendo a 5 minutos por kilómetro, cuando a la mañana apenas podía caminar. Era la euforia, la ansiedad, la felicidad.

Y como no podía ser de otra manera en mí, empecé a hablar en voz alta y a llorar.

Lloraba como un chico, lloraba de emoción. Y al mismo tiempo reía a carcajadas como un enajenado. Así como a veces llueve con sol, mis ojos llovían con una risa visceral al mismo tiempo.

Cuando ví que el arco estaba cerca, lloraba y reía más fuerte aún.
No podía creerlo.

En esos momentos sólo pienso en la fuerza del amor, en lo fuerte que es la voluntad, en el poder de la mente, en el milagro de la vida... en eso que llaman "DETERMINACIÓN".

Otra vez quería que ese momento se congelara para siempre... últimos metros, el cielo gris tenía para mí un rayo de sol imaginario para mi llegada.
La lluvia era una bendición, como si Dios también sonriera llorando, viendo a tan pequeño ser lograr semejante cometido.

Abrí mis brazos, los extendí mirando al cielo. El milagro había ocurrido. 

Había cruzado la meta.

Ya no hay dolor, ya no hay miedo, ya no hay lágrimas de tristeza.

Sólo estamos en la línea de llegada, mis piernas molidas, mi corazón apasionado, mis lágrimas dulces, mi honor intacto y mi medalla puesta... todo en el mismo cuerpo.

Determinación. Como en la vida, en las carreras. Como en las carreras, en la vida.


No me arrepiento de este amor
  
GRACIAS DIOS POR DARME LA VIDA.   


GRACIAS POR VENIR (a esta locura).

Twitter: @luchorunner

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